El pensamiento negativo como mecanismo de defensa

Siempre me ha parecido curiosa la forma en que aparecen esos «aha-moments», esos chispazos de claridad mental que te explican cosas sobre la vida misma. Uno de esos chispazos lo experimenté estando acostada boca arriba mientras me hacían un TAC de rodillas. Quizás el desconectarme de las pantallas y acostarme mirando hacia arriba sin la intención de dormirme, activó una reflexión que motiva la publicación de hoy. Estando ahí descubrí que el pensamiento negativo puede ser un mecanismo de defensa.

Les explicó: resulta que tuve una entrevista laboral y bueno, después de estas situaciones suele aparece el síndrome de la impostora con una cadena de pensamientos que repite: «eres insuficiente«, «eres incapaz«, «lo que tú haces, lo hace cualquiera«. Estas ideas aparecen de forma más frecuente cuando estás esperando una respuesta que mate la intriga de si tendrás trabajo o no. El hecho es que estando en el examen, mientras miraba ese techo blanco clínica, empezaron a aparecer ideas así: «no te van a llamar nunca para ese empleo«, «mejor resígnate y empieza a planear otra cosa«, «no les gustó para nada tu perfil«. Y podía seguir eternamente alimentando el mounstro de mis inseguridades, hasta que me detuve a pensar y me pregunté: ¿De qué me sirve pensar tan negativamente?

Y ahí fue cuando descubrí que cuando pienso así, cuando alimento mis ideas catastróficas sobre mi o sobre la vida, me estoy protegiendo. ¿De qué me protejo? Pues de un resultado que vaya en contra de mis expectativas. Entonces, si efectivamente nunca me llaman para ese cargo, dolerá menos el rechazo porque previamente me estaba anticipando al mismo.

La verdad es que siempre me ha fascinado el estudio de la llamada «agresión reactiva», ese proceso en el que atacamos antes de que nos ataquen o atacamos en respuesta a una agresión previa. La clave de este tipo de agresión es que busca proteger a la persona que la ejerce, de forma anticipada, de cualquier daño. Son fascinantes los mecanismos que podemos emplear con el fin de mantener intacta nuestra vulnerabilidad. Por lo tanto, el pensamiento negativo, pesimista o catastrófico funciona de forma muy similar, sólo que el ataque preventivo es hacia dentro: ataco mi autoestima, mi propio valor, mis motivaciones, mis ilusiones, mis expectativas y mis intentos de cumplir mis metas antes de que algo de afuera me ataque.

Después de este descubrimiento, surgió una nueva pregunta: ¿El remedio para el pensamiento negativo sería el pensamiento positivo?. La verdad es que por un segundo me reí, me causa mucha gracia lo fácil que resulta caer en las dicotomías del pensamiento occidental: blanco/negro, bueno/malo, alto/bajo y positivo/negativo. Entonces imaginé como funcionaría el pensamiento positivo en este caso y se me ocurrió que las ideas imperantes serían: «vas a obtener ese trabajo«, «eres la mejor«, «todo lo puedes lograr«, «tu perfil le encantó a esta empresa«. Pero inmediatamente descubrí que irme al otro extremo trae como consecuencia una desconexión con la realidad, que también me puede exponer a la frustración y al narcisismo.

Así que aproveché mi reciente interés en aplicar los matices y observar los grises y entendí que un pensamiento neutral sería lo más apropiado. Esta idea se ratificó con un recuerdo del dibujo de un péndulo que hizo mi profesor de ética en el colegio, con ese garabato pintado en el tablero nos explicaba que la madurez consistía en conservar el péndulo en el medio. Él nos decía que dejarse llevar por los comentarios negativos de los demás llevaría el péndulo a un extremo y por el contrario, dejarse llevar por los comentarios positivos, los llevaría hacia el otro extremo. En ambos casos habría inmadurez, por lo tanto, debíamos procurar mantenernos en el centro.

¿Cómo aplicar esta idea a mi caso? Mi respuesta fue la siguiente: Soy suficientemente valiosa así me llamen o no a ocupar el cargo en esta empresa. Tengo muchas habilidades y un buen currículo pero no soy la única persona en el mundo con habilidades y un buen perfil. Si me llaman a ocupar el cargo, estaré bien, sigo siendo yo. Si no me llaman a ocupar el cargo, estaré bien, sigo siendo yo. Que te contraten o no en un trabajo, no significa que vales más o menos. Tenemos que quitarnos la idea de que nuestro valor depende del empleo que ocupamos o no ocupamos.

El camino del medio fue la solución para conducir a mi mente a un estado de calma que evitaría caer en la victimización, en el autosabotaje y en el síndrome de la impostora resultados del pensamiento negativo o en el narcisismo y la competitividad resultados del pensamiento positivo.

El TAC que me hicieron duró 5 minutos, pero fue el tiempo suficiente para autodescubrirme, hacerme preguntas y darme lecciones. Aún no recibo respuesta de esta empresa, pero pase lo que pase, decidí aceptar cualquier emoción que aparezca y reafirmar que independientemente del resultado, sigo siendo yo y estaré bien.

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