El poder de la sensibilidad: Abrazando la vulnerabilidad

¿Te ha pasado que a veces sientes que eres tan extremadamente sensible que no encajas en el mundo? ¿Sentir que con sólo entrar en una habitación puedes percibir olores, luces y/o sonidos con mucha intensidad? ¿Identificar emociones de las demás personas y contagiarte con las mismas con mucha fuerza? ¿Permanecer horas o días pensando de forma profunda y a veces obsesiva en algún problema o situación? ¿Darte cuenta de lo que piensan los demás, casi como si les leyeras la mente? ¿Sentir frustración porque para ti la justicia y la cooperación son cosas obvias y que deberían priorizarse por encima de la competitividad? ¿Tener una intuición muy clara al punto que los demás se sorprenden y te han dicho que pareces «bruja»?

Resulta que estas son cosas que he experimentado toda mi vida y que pensaba que todo el mundo vivía, hasta que conversando con alguien me hizo saber que todo eso que yo percibía no era tan común y bueno, un día apareció un instagram live de la maravillosa escritora e ilustradora Amalia Andrade en el que explicaba que había descubierto que era una Persona Altamente Sensible y todo lo que describía me ayudó a descubrir que esa era una explicación muy lógica a lo que me pasaba. Años atrás yo había leído sobre las personas empáticas de la voz de la psiquiatra Judith Orloff con su libro Guía de Supervivencia para Personas Altamente Empáticas y eso me ayudó a reconocer los efectos que tenía en mi vida ser tan empática: el agotamiento después de salir o socializar y la necesidad de recargarme en soledad.

Pero ¿Qué es eso de ser una Persona Altanamente Sensible (PAS)? Se trata de un rasgo de personalidad que científicamente se ha nombrado como «Sensibilidad de Procesamiento Sensorial», término acuñado por la doctora Elaine Aron en la década de los 90 y que ella y su equipo han señalado que está presente en algunas personas (han estimado que entre el 15 y 30% de la población) y se caracteriza por una sensibilidad más alta del sistema nervioso central que lleva a un procesamiento más profundo de estímulos emocionales, físicos y sociales.

Manuela Pérez Chacón, Antonio Chacón y Juan Moisés de la Serna llevan un buen tiempo estudiándolo, en su libro ¿Eres Altamente Sensible? Descubre todas las claves lo describen como «una conciencia ante las sutilezas de los estímulos, y tras el exceso de los mismos se manifiesta en la conducta. Esta sensibilidad extrema puede asociarse al perfeccionismo, la intensa y excesiva manera de generar ideas y la vulnerabilidad a ruidos, olores o texturas. La podemos relacionar con la creatividad, la capacidad de comprender a los demás y sentir lo que otros sienten, el sentido de la justicia y el respeto hacia la otra persona».

La alta sensibilidad se ha distinguido por el cumplimiento de los siguientes cuatro pilares importantes: profundidad de procesamiento o análisis profundo de los pensamientos, gran emocionalidad y empatía, sensibilidad hacia las sutilezas y sobreestimulación. Si quieres conocer más a profundidad qué significa cada uno de estos pilares, la Asociación para Personas con Alta Sensibilidad tiene en su página web un test e información de calidad que puedes consultar.

En mi exploración de información sobre este rasgo encontré un podcast fantástico llamado Madres y Padres de Alto Rendimiento en el que Miguel Ángel Jiménez entrevistó a la doctora en psicología Jaqueline Madeira experta en alta sensibilidad y que tiene una hija con este rasgo. En la entrevista, la doctora Jaqueline dijo algo que me pareció súper valioso y que motiva la reflexión que hago en este texto: lo que más hace sufrir a las personas con alta sensibilidad no es el rasgo en sí, sino estar en una sociedad con una cultura en la que la sensibilidad se asocia con la debilidad.

¿Qué tiene de malo que se asocie ser sensible con ser débil? Pues básicamente en este mundo en el que la competitividad, la jerarquía, la inequidad y la alta exigencia son una constante, nadie quiere ser visto como débil. Las personas débiles son percibidas como altamente vulnerables a cualquier daño externo y como un lastre para los demás. Entonces cuando eres «altamente sensible», con el corazón a flor de piel, es difícil ver lo positivo de esto cuando constantemente recibes mensajes que te dicen «no llores», «no seas débil», «no demuestres dolor ni tristeza», «te van a rechazar si eres vulnerable», «sólo sobreviven las personas fuertes», «te complicas demasiado la vida», «eres tan exagerada».

Y confieso que toda mi vida he lidiado con esto, con esa profunda sensación de ser inadecuada para este mundo, frustración por tener que ocultar mis lágrimas (especialmente porque lloro por todo: cuando estoy triste, cuando estoy conmovida, cuando me río mucho, cuando escucho una canción bonita, cuando alguien tiene un gesto de compasión, cuando alguien sufre, cuando otras personas lloran, es más, justo ahora se me salen las lágrimas mientras escribo esto, etc.), enojo porque desde muy pequeña no puedo soportar las injusticias y porque para mi es muy fácil notarlas y agotamiento por la cantidad de estímulos del ambiente que no se pueden controlar.

Desde mi formación en perspectiva de género, he hallado una explicación a la profunda incomodidad que causa la sensibilidad y la vulnerabilidad. Esta tiene su raíz en el sistema patriarcal que se ha encargado de suprimir y minimizar lo considerado femenino (esto incluye a las mujeres pero también a cualquier persona que exprese su lado femenino). Entonces se han destacado como positivas y deseables la inteligencia, la racionalidad, la frialdad, el individualismo, el control y la sobrecarga de actividades mientras que se han menospreciado la sensibilidad, la entrega, el descanso, la cooperación, la vulnerabilidad y la empatía.

Esto por supuesto se traduce en que cuando eres muy sensible, experimentas el mundo desde la alteridad, desde el lugar de rechazo. Pero a su vez, ante la falta de educación socioemocional, las personas no sabemos qué hacer con emociones como la tristeza, el enojo o la frustración. Especialmente la tristeza es una emoción compleja porque la mayoría de personas no saben consolar y esto también tiene su origen en que pocas personas saben transitar su propia tristeza. Estar felices y brillantes se convierte no sólo en un deseo, sino en una obligación, dejando como consecuencia, la gran dificultad para transitar y aceptar nuestra oscuridad y nuestras sombras.

Hace poco escuché otra perspectiva que decía que en realidad no existen personas altamente sensibles sino personas que experimentaron situaciones traumáticas y que, como consecuencia, la alta sensibilidad se vive como una estrategia de protección, ya que al analizar y procesar más sutilezas del ambiente pueden prevenir cualquier daño que lleve a repetir el trauma. También supe de otra teoría que decía que las personas altamente sensibles son sólo personas sensibles que se destacan porque la mayoría de personas están tan adormecidas, que han dejado de sentir y percibir lo que normalmente deberían percibir.

Yo creo que más allá de saber si existe o no este rasgo de personalidad y de si lo tenemos o no, para muchas personas ha sido clave encontrar espacios para aceptar su sensibilidad y lo cierto es que hablar de este tema permite reflexionar sobre su lugar en la sociedad. Todo lo que nos dicen es lo mucho que se sufre cuando percibes y sientes tanto pero ¿por qué no abrazar esta parte que habita en nuestro ser?

Vivimos una gran constipación emocional y creo que como sociedad debemos reconocer el poder de la sensibilidad. ¿Qué ventajas tiene darle lugar a la misma?

  • La sensibilidad da apertura para la empatía y con esta, se puede comprender más y mejor a los demás y, a su vez, se puede brindar a cada cual lo que necesita de la forma en que lo requiere.
  • La creatividad aparece cuando se suelta el control y se permite expresar lo que sentimos sin temor.
  • Cuando se reconoce la vulnerabilidad propia y ajena, desaparecen más fácilmente los juicios hacia lo que somos y hacia las demás personas. Esto da pie para la compasión que está en la base de la resolución pacífica de conflictos.
  • La sensibilidad nos conecta con nuestra propia intuición. La mente pierde el control para darle lugar al cuerpo y sus sensaciones, dando espacio para interpretaciones diversas de nuestra propia realidad.
  • La aceptación de nuestra propia sensibilidad y la ajena es la oportunidad para la aceptación de nuestras diferencias y el reconocimiento de que cada persona y su camino son únicos y no hay necesidad de imponernos sobre otros.
  • Se redescubre la vida y el mundo con la sorpresa de quien ve algo nuevo. Gastamos mucho tiempo y energía protegiéndonos y ocultando parte de lo que somos, así que si aceptamos la sensibilidad y la vulnerabilidad, podremos disfrutar de muchos de los detalles y de la belleza existente en el mundo.

Por mi parte he decidido dejar de pelear con mi sensibilidad, sé que está ahí y sé que mi percepción del mundo está mediada por la misma. Sin mi sensibilidad no sería yo ni estaría en donde estoy. También decidí dejar de pelear con la incomodidad que causa en los demás. Siento que lo importante es seguir creando espacios seguros para el corazón y activamente recordarme y recordarle a quienes interactúan conmigo que está bien ser quiénes son y sentir lo que sienten. La amabilidad es un estilo de vida que debe ser más frecuente en este mundo y no sé, a lo mejor es la medicina que tanto necesitamos para curar esa parte de nosotros un poco herida y rota por la crudeza y frialdad a la que nos hemos acostumbrado.

Posdata. Puedes escuchar esta entrada haciendo click aquí

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